Wednesday, February 27, 2013

Un par de meses...

Y un par de días, es todo el tiempo que ha pasado. Entre tanto que he vivido, pensé que había pasado más, pero así es el tiempo de embaucador.

Regreso sin un tema, como de costumbre. A veces cuando pongo un título me siento atada a él, entonces las ideas se esfuman como fieles amantes de la libertad que son. Pero la idea es regresar, retomar el hábito de dejar que mis dedos caminen por mí y puedan crear magia a través de las palabras. Quizá despejar un poco la mente, plasmando acá unos cuantos pensamientos que se agrupan con otros y congestionan mi mente. 

He entendido que, como buena hija del aire, pensar compulsivamente es tan mío como el código genético. Saltar de una fuente a otra, sedienta de nuevos saberes, es mi virtud más pecaminosa. No creo en pecados, pero es bonita la palabra. 

Iba a hablar de febrero, sus chichiguas, sus disfraces, el sol de cuaresma, las habichuelas con dulce de la infancia, la cuenta regresiva a mis vacaciones en La Vacama, las calles polvorientas bajo la rueda de las bicicletas. Iba a hablar del labial rojo que me permitían una vez al año, de la marcha en la mañana queriendo ser la abanderada, de las largas horas de ensayo por diez minutos sobre el escenario. 

Iba a hablar de postales que merecen permanecer tal y como son. Imágenes atrapadas en el tiempo... como insecto en ámbar. 

Iba a hablar de ello, pero creo que ya lo hice.