A veces pienso que el personal de la Dirección de Drogas y Farmacias (Ministerio de Salud Pública) -sí, con nombre y apellido, si lo leen no me importa, que se enteren) cree que está lidiando con retrasados mentales, o ellos son los retrasados mentales. No sé si saben que la mayoría de los que nos dedicamos a Asuntos Regulatorios somos profesionales con varios años de experiencia (7 años en mi caso), no estudiantes como sé bien que son los evaluadores internos que están en ese puesto por pura preferencia política.
Me hierve la sangre y me voltea el apellido que me devuelvan un expediente por una pendejada que no se le perdona ni a un estudiante de secundaria. Su "lógica" y "criterio" a la hora de evaluar un expediente deja mucho que desear. Les aplaudo que sean más exigentes y minuciosos en la evaluación, pero si están en mejora, hagan las cosas bien hechas o mejor no hagan nada. Esa falta de coherencia, de orden interno, no hace más que hacernos perder el tiempo a los que queremos hacer bien nuestro trabajo.
No me paso ocho horas diarias aquí sentada para llenar fichas cuantas veces se antojen ustedes, simplemente por hoy amanecieron de malas y decidieron que eso está mal. Las cosas no son así, pero qué les importa a ustedes si en par de años vendrá una nueva directora y cambiarán las reglas nueva vez. ¿De qué les sirve restregarnos el reglamento si ni siquiera saben lo que dice? Se la pasan pidiendo lo que no está escrito, prometiendo cambios que nunca hacen y, con ello, estancando la industria farmacéutica nacional.
El que quiera desarrollar altos niveles de paciencia, que se dedique al registro sanitario. Verán como nunca dejarán de sorprenderse de las barrabasadas que pueden llegar a ver.
Friday, October 14, 2011
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