Sunday, April 8, 2012

Esta islita de monos…


No sé si monos. No quiero ofenderlos. Busco un grupo de seresvivos que haga eso que veo en las calles todos los días, a toda hora. Pero tampocoquiero involucrar a esa especie privilegiada que menciona Engels en su “Papeldel trabajo en la transformación del mono en hombre”, esa que se diferenció delos monos y se convirtió en el antepasado más remoto de lo que hoy día llamamos“humanos”. De seguro ellos no ondeaban una bandera de manera frenética como sino quedasen neuronas en su cerebro. Ellos tenían otras prioridades.

¿Culpamos a los que crearon la política? ¿O a los que convirtieronla política en un circo? ¿Cuándo sucedió? ¿Por qué? Que me lo aclaren los quesaben del tema… Yo sólo quiero saber adónde fue a parar la lógica y el sentidocomún. O, a lo mejor, cambiaron los estándares y yo estoy errada. Pero bueno,partiendo de la premisa de que sigo teniendo cierta dosis de coherencia,expongo mi frustración.

Domingo de Resurrección, domingo santo, o como quieran llamarlelos creyentes de esa doctrina, es un día en que todos los vacacionistasretornan a sus hogares. No hay que ser físico cuántico para saber que lascarreteras están saturadas de personas que, por más temprano que hayan salido,no salieron lo suficientemente temprano. Todos vamos a parar allí: a LasAméricas, a la Autopista Duarte, a la Carretera Sánchez… sea cual sea su origen.

Yo, hija del este, siempre desemboco en Las Américas. Mi viaje deregreso iba de maravillas, considerando el flujo de vehículos, hasta que,llegando a Boca Chica, vislumbro unas banderas blancas que se agitan y semultiplican como Gremlins bajo la lluvia. Creo que no leí el Última Hora, pero,¿no se supone que las actividades políticas están suspendidas en Semana Santa?En caso de que la respuesta sea negativa, apelemos al sentido común: ¿no es unaburrada entorpecer una autopista que de por sí está congestionada?

Que me perdonen los burros; tampoco quiero meterlos en esto.

A medida que me voy acercando al peaje, no puedo evitar seguirmurmurando sobre el absurdo de que se aglomeren a ambos lados de la vía,incluso tomando parte de ésta, para hacer señas y mover banderas como si en suscabezas dos mimes jugaran pimpón sin percatarse de que no tienen pelota.

Y si alguno de ustedes alguna vez ha tomado una bandera y se haparado junto a alguna avenida o autopista a hacerle muecas a todo conductor quepasa y que no hace más que pensar que usted es un retrasado mental, por favor,tómese un tiempo para aclararme las siguientes dudas:

¿Qué gana usted con eso? ¿Le deja alguna satisfacción personal? ¿Realmentesu tiempo vale un pote de romo y quinientos pesos? ¿Se ha visto alguna vez enel espejo mientras realiza esa acción?
Reflexiónelo. Seguiré avanzando.

Cuando una pizca de optimismo me hace creer que lo peor ha pasado,Murphy me recuerda que él es el rey. Desde la ruta 66 que lleva al aeropuerto,veo que avanza una caravana conformada por jeepetas amarillas. La caravana esinterminable… no son veinte, ni cincuenta… pasan de las cien. No es posible.Justo donde termina el elevado, coincido con la caravana del PLD: todas lasjeepetas que no he visto juntas en la ciudad más el ITBIS, par de “discolais”haciendo estremecer los cristales de mi carro, guaguas descontroladas conpersonas que parecían que saldrían volando de éstas en cualquier momento…

La hecatombe.

Hace tiempo que mi voto está definido. Esta tarde, si quedabaalguna duda, terminé de convencerme. Mientras los veía a todos, celebrando algoque no entiendo muy bien qué es, sentía el dolor de saber que mi isla hermosase había convertido en un circo barato. En esas jeepetas iban profesionales,tomando whiskey caro, del que no puedo comprar porque ni con mis tres trabajospuedo darme ese lujo; quemando el combustible que escasea y que tan caro está…quemando mis impuestos, o quizá el fondo de pensiones que nunca veré.

Y la gente les mira pasar y les aplaude. Los que no les aplauden,siguen indiferentes. ¿Acaso a nadie le importa lo que sucede? ¿Acaso se havuelto algo tan común que lo consideramos normal? ¿Dónde están las autoridades,que permiten algo así? Ah cierto, las autoridades están cuidando a los quehacen el desorden, porque esos son los que están arriba.

Excúsenme por pensar que las cosas deben funcionar.

Pero, ¿qué grado de conciencia tiene una persona que graba unlindo mensaje de paz y amor… de “tengan un retorno seguro” y “manejen conprudencia”, para terminar permitiendo que sus militantes armen semejantedesorden en una de las principales autopistas? ¿Con qué maldita prudencia voy aconducir si la jeepeta que va a mi lado va haciendo zigzags porque quienconduce va ebrio y va más atento a tocar el claxon compulsivamente que a mantenerseen su carril?

Debe ser muy bueno el poder. Debe ser muy bueno el dinero. Debeser lo suficientemente bueno para hacerles olvidar sus verdaderas funciones ydivertirse manipulando a una masa influenciable. ¿Duermen tranquilos? No locreo. ¿O de tanto jugar a ser dioses, creen que ya lo son?

Mas no los culpo sólo a ellos. Porque a ellos los elegimosnosotros y nosotros podemos cambiarlos. Pero el egoísmo es tal que vale más elinterés propio que el bien común. Escuché a alguien cercano decir: “Yo no tengopaís, yo estoy pensando en lo mío”. Y si todos piensan así, como bien me temo,¿a quién le queda el país?

Tanto que privamos en dominicanos cuando Juan Luis Guerra gana unpremio, o cuando Pujols batea de jonrón. ¿Por qué no ser dominicanos empezandopor respetar las leyes e inculcar valores en nuestra propia casa? ¿Por qué noser dominicanos exigiendo que se cumplan nuestros derechos? Bien que lo hacemoscuando estamos en otro país, ¿por qué aquí no?

¿Es más fácil gozarse el “can” y hacerle el “coro” al que ofrezcamás? ¿En serio es mejor una hora de placer efímero que toda una vida deprecariedades?

Alguien que me lo explique. Yo, de verdad, no lo entiendo.

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