Hoy todos hablan de los Derechos Humanos. Yo empezaré por ahí y terminaré quién sabe dónde.
La diversidad es lo que nos caracteriza como terrícolas. Como dicen por ahí, para que el mundo sea mundo tiene que haber de todo. Pero, ¿por qué predomina el irrespeto, la lucha de poder y la sed de dominación? Ya me dirán que es parte de la naturaleza humana. Yo, mientras tanto, sigo en mi nube de ingenuidad sin comprender como funciona el hombre.
Antes de celebrar la existencia de unos derechos humanos, me pregunto: ¿por qué tienen que declararse unos derechos que por sentido común deberían pertenecernos? ¿Por qué luchar por lo que naturalmente nos corresponde?
No voy a pisar el delicado terreno de la filosofía; hablo desde mis propias convicciones y conclusiones, de lo que siento y pienso como ser humano (casi alien) que habita en este planeta, de lo que veo y cala en mí porque considero que así como he tenido educación, alimentos, salud, libertad de expresión y de religión, los demás deben gozar de lo mismo.
¿O hablo desde el punto de vista de una persona en cierta forma privilegiada?
Entiendo que muchos otros no pensarán como yo. El problema es que siento que son demasiados aquellos a los que les importa un comino el bienestar de sus iguales. ¿O es que el poder suprime nuestra capacidad de sentir?
¿O es que no los consideran "sus iguales"?
Ayer mientras veía Schindler's List no podía dejar de preguntarme por qué Auschwitz tuvo que existir. ¿Qué clase de ser humano es capaz de llegar a esos extremos? ¿Uno igual que yo?
En la delgada línea que separa el irrespeto de la violación de un derecho bailamos a ciegas, a merced de aquellos que mueven los hilos del destino, porque el poder es escaso y se reparte entre unos pocos... Pero apelaré a mi lado idealista, esperando que un día aquellos que deciden cómo mover las fichas de este enorme tablero de ajedrez sientan antes de pensar.
Monday, December 10, 2012
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