Placebos. Ella no necesita placebos. Está cansada de ellos... está cansada de todos.
Acariciando el frío de los cristales, siente que encuentra el origen de sus días. Esa es ella... fría y dura... bella e impenetrable. Moldeada por el cruel fuego de la falsedad, de las promesas vacías, de las caricias cobardes. Golpeada por rocas egoístas, que con tal de subir arrastran sin compasión.
No es algo que ella haría. Pero no es algo que se dejaría hacer nueva vez. Sus oídos se han acostumbrado a esos discursos huecos, carentes de consciencia, nacidos de bajas pasiones. Les escucha, les sonríe y voltea siguiendo su camino. Más de lo mismo, se dice.
Cuando transforme esto en aquello, aquello en lo otro, volverá a sentarse sobre el techo de nube que alquiló para ser libre. Y reirá ante lo predecible y mediocre que puede ser.
Muñeca. Recuérdalo siempre.
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