Esta mañana, a mi colega cubana y a mí nos dio con divagar entre sueños y utopías laborales, condiciones ideales y números imaginarios. Sólo nos faltó el bosón de Higgs.
Hablábamos del trabajo ideal en el que todos los empleados (aquellos no involucrados directamente con la producción) tuvieran libertad de horario y pudieran realizar sus tareas desde sus hogares (por medio de plataformas virtuales). ¿Cuánto se ahorraría una empresa con esta política? Mucho. ¿Cuánto se ahorraría el país? Mucho más.
Imagínese que usted, cuyo trabajo en su mayoría se realiza desde un ordenador, tuviese la libertad de programar su agenda como mejor le convenga, distribuyendo los días de asistencia a la planta u oficina según las necesidades. No sólo aumenta su capacidad productiva de manera vertiginosa; su empresa se ahorra muchísimos recursos y su contribución al medio ambiente es invaluable.
¿Se han detenido las empresas a analizar cuánto se consume en movilizar todo un personal? Creo que no. Pero bueno, aterrizando un poco, surge la principal interrogante: ¿tendríamos el sentido de responsabilidad suficiente para realizar nuestro trabajo con esa libertad? Me apena pensar así de nuestro pueblo, pero es la realidad. Más que la negativa de las empresas por adoptar estos sistemas, la principal traba con la que me encuentro es la particular característica de baraje que tenemos los dominicanos. Para no adornarlo más: somos vagos.
Y esta conclusión nos hace llegar a otro tema más crítico: el sistema educativo y la no existencia de la cultura de investigación. Pero eso será en otra ocasión. Por ahora, seguimos en nuestra utopía laboral... hasta que tenemos que marcar nuestra entrada y aterrizamos en el esclavizante horario que todo empleado dominicano conoce. 8 a 5. Eso es lo que hay.
Friday, July 13, 2012
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