En una de esas subidas interminables, recuerdo escuchar a una chica decir:
"Estoy subiendo por fe".
"Yo estoy subiendo por cabeza dura", pensé.
Son las 7:30 a.m., estoy sentada junto a la fogata en Compartición, mirando un amanecer perfecto, como nunca antes lo había visto. Las lágrimas todavía no han salido, creo que efectivamente estoy reservando ese momento para cuando vea a Duarte frente a frente. Aunque por momentos en el trayecto quería llorar... no por la desesperación, sino por la emoción de lo que había sido capaz de recorrer.
Como dijo uno de mis compañeros (que llegó casi a las 12 am), esto no es una experiencia. Es "La Experiencia". Más que el cuerpo, es poner a prueba la mente. Antes de la mitad del viaje, estaba por tirar la toalla. Al final del viaje, nada me detenía, y era precisamente ese momento en que mi cuerpo no podía, pero mi mente gritaba "ya estás aquí, falta poco".
Pasaban mulas, pasaban caminantes más rápido... no importa. Es mi ritmo, es mi reto, algo así como mi cruzada personal.
Al llegar no recuerdo mucho. Sólo colocarme junto a la fogata y temblar, temblar y seguir temblando. El sol me da en la cara en este momento y, contrario a lo que suelo hacer en la ciudad, le doy la bienvenida. El frío se disipa, relativamente, y siento la energía volver. Sólo desayunar y lista para subir. Me espera mi meta.-
V.-
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